¿Cosas o vida?

No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.” Filipenses 4:11-13

 

Se cuenta que un poderoso banquero llegó al muelle de un pequeño pueblo costero, y allí se encontró a una pescador con su barca. Dentro del bote había algunos peces; el banquero observando dicha pesca inició una conversación con el desconocido pescador. “¿Cuánto tiempo ha invertido en esa pesca?

– No demasiado tiempo, unas pocas horas

– ¿Por qué no se queda más tiempo y así consigue más peces?

– Bueno, esto es más que suficiente para mis necesidades y las de mi familia.”

Sorprendido por la respuesta, le siguió preguntando al pescador. “

– ¿Y qué hace en el resto del tiempo?

– Juego con mis hijos, me echo la siesta con mi esposa, me tomo un vino con mis amigos y mi vida es tranquila y agradable.

– Eso esta muy bien, pero mira, yo soy banquero y creo que podría ayudarte. Si invirtieras un poco más de tiempo en la pesca conseguirás más peces y podrás comprarte un bote más grande y así podrías pescar más peces. Con los ingresos podrás comprarte más botes y así tener toda una flota de botes. Si en lugar de vender el pescado a una intermediario lo haces directamente, podrías salir de este pequeño pueblo, mudarte a la capital y expandir más tu empresa.

– ¿Cuánto se tardaría en conseguir todo eso?

– En el mejor de los casos unos 15 años, y en el peor, entre 20 y 25 años.

– ¿Y después qué?

– Esa es la mejor parte, venderías todas tus acciones y tu empresa, serías inmensamente rico ¡Millonario!

– ¿Y después qué?

– Te podrías retirar, mudarte a un pueblecito, pescar un poco, jugar con hijos, tomarte un vino con tus amigos y echarte la siesta con tu mujer

– Pero ¿Acaso no es eso lo que hago ahora?”  El banquero cabizbajo y triste se fue del lugar pensando en darle un giro a su propia vida.

Cuántas vidas se desperdician buscando inutilmente una felicidad a través de las cosas.

Nos decimos: Si yo tuviera esto o aquello sería feliz ¡Pero nos engañamos! Hace 40 años me acuerdo que no teníamos nada de lo que hoy tenemos, ni lavadora, ni frigorífico, ni televisión, ni cuarto de baño, ni colchón de látex, ni teléfono, ni calefacción, ni la comida que nos apetecía.

Recuerdo como si fuera ayer, a las mujeres lavando en el río y cantando. Recuerdo a los segadores, segando de sol a sol, cantando. Recuerdo cuando iba por los caminos y a lo lejos veía a un hombre arando con las mulas, e iba cantando. Todo lo contrario a nosotros, tenemos que escuchar la radio y “Operación Triunfo”, para que nos canten.

Hoy tenemos muchas cosas para vivir felices, pero somos más infelices que nunca. La verdad es que, para la mayoría de los seres humanos ¡Dios esta lejos! y al estar lejos la felicidad se busca a través de cosas pero no se halla. Y es que sin el Señor Jesucristo, podremos tener muchas cosas, pero no tendremos vida. Él dijo: Yo he venido para que tengáis vida, y para que la tengáis en abundancia”.

 

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