La Presencia de Dios

“Mi presencia irá contigo, y te daré descanso” Éxodo 33:14

Squarcio

La diferencia entre Jonás y la mayoría de los creyentes es que él sabía que estaba fuera de la presencia de Dios. Jonás sabía que Dios está en todas partes. Conocía los Salmos, “¿a dónde huiré de tu presencia?” (Salmo 139:7),  pero no estamos hablando de la presencia de Dios en este sentido. Todo el mundo está en aquella presencia general de Dios. “Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos” (Hechos 17:28), diría Pablo a los paganos que no sabían nada de Dios. No nos referimos a aquella presencia de Dios, sino de su presencia personal, del cual estamos conscientes, su “presencia real”, como algunos lo llaman, o su presencia especial

Dios estaba en el desierto con Moisés y los israelitas. Estaba en Egipto con ellos anteriormente. Pero su presencia personal estaba en la nube y en la columna de fuego que descansaba sobre el tabernáculo. Estaba en el Lugar Santísimo detrás del velo. Ahora en esta dispensación, todo creyente tiene acceso a la presencia de Dios por el velo rasgado, pero pocos entran. Pocos saben que se puede saber si estás la presencia de Dios (en este segundo sentido), o no. Muchos solo sienten la presencia en Dios en un culto o en ocasiones especiales. No saben que se puede sentir esta presencia de la misma manera que sentimos el soplo del viento en la cara o el calor del sol o que disfrutamos de la presencia de nuestros hijos en casa, aunque no los estamos viendo en este momento.

La buena noticia es que con el perdón de nuestro pecado podemos vivir en consciente comunión con Dios todo el tiempo. Nuestro hogar espiritual es dentro del velo, en el Lugar Santísimo, en su presencia continuamente. Este es un privilegio que está abierto a cada hijo de Dios, el de saber conscientemente que está en esta presencia, sentirlo y disfrutarlo. Nos satisfacemos con menos, con saber que judicialmente tenemos el derecho de entrar. ¡Es tener un trozo de pastel de chocolate en la mesa, saber que es para mí, y no comerlo! El Salmista conocía esta presencia y la disfrutaba conscientemente: “Me mostrarás la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre” (Salmo 16:11). Está hablando de la presencia especial de Dios aquí y ahora en esta vida. Esto es lo que Dios prometió a Moisés: “Mi presencia irá contigo”; nos acompaña. Esta promesa habla de comunión y compañerismo por el sendero de la vida. Dios se mueve con nosotros. Y continúa diciendo: “Y te dará descanso”. No significa que vamos a dormir por la noche, sino que no tendremos ansiedad, sino reposo de espíritu, bienestar y paz interior. Nos calma. Nos da seguridad. En esta bendita presencia está Dios, hablando y conversando con su amado hijo.

Esta presencia se busca hasta que se halla. La promesa es que si nos acercamos a  Dios, él se acercará a nosotros. Y una vez que la hallamos, allí nos quedamos, y si salimos, volvemos, hasta que aprendamos de memoria el camino de vuelta, para habitualmente vivir allí, siempre muy cerca del Señor.

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