He decidido seguir a Cristo

“Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo” Filipenses 3:8

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El pasado domingo fue un día muy especial y muy importante para seis de nuestros hermanos, que han decidido dar un paso muy crítico a favor de sus vidas y también del avance del evangelio ¿Por qué? Por la necesidad de ser bautizado, reflejado en las escrituras, no porque sea un acto salvífico, sino porque es la demostración física y palpable de una decisión en firme de un cambio vital interior. Una persona puede amar mucho a su pareja, pero la forma en que le demuestra su compromiso a Dios primero y también al resto del mundo, es mediante la celebración de su boda. Mediante el bautismo, esa persona le está diciendo a la iglesia y al mundo que ha decido seguir a Cristo.

Precisamente, el famoso himno “He decidido seguir a Cristo” es uno de los más interpretados en los cultos de bautismos, y vale la pena deternos en su letra:

“He decidido seguir a Cristo (3 veces) No vuelvo atrás, no vuelvo atrás

La vida vieja ya he dejado (3 veces) No vuelvo atrás, no vuelvo atrás

El Rey de Gloria me ha transformado (3 veces) No vuelvo atrás, no vuelvo atrás”

En castellano, la letra es sencilla, pero con un mensaje de gran impacto, que se resume en un contundente “He decidido seguir a Cristo. No vuelvo atrás”. Aunque como muchos otros coros o himnos, se ha ido modificando a lo largo de las diferentes culturas, su historia resulta curiosa:

Es un himno cristiano originado en la India. Sus letras están basadas en las últimas palabras de un hombre en Assan (nordeste de la India), quien junto a su familia –por la predicación de un misionero– fueron a Jesucristo con arrepentimiento y confiando en Él como Salvador y Señor (se convirtieron a Dios). Cuando el jefe de la aldea se enteró de esto, llamó al hombre que se había convertido, junto a su familia, a renunciar a su fe; si no, él y su familia morirían. La respuesta de aquel hombre creyente fue comenzar a cantar: “He decidido seguir a Cristo”. Entonces el jefe de la aldea ordenó a sus arqueros que mataran a los dos hijos del hombre creyente y después (el jefe de la aldea) amenazó con matar a la esposa de aquel creyente. Aquel hombre creyente, aun después de haber perdido a sus dos hijos y estando a punto de perder a su esposa, continuo cantando: “Aun nadie uniéndose, yo seguiré”. Después de eso, los arqueros mataron también a la esposa de aquel creyente. Finalmente, el jefe de la aldea le había dado una última oportunidad para que aquel hombre creyente salvara su vida física al renunciar a su fe; pero éste no renunció a su fe, sino que prosiguió cantando: “La cruz delante, el mundo atrás” –y así fue ejecutado. La historia dice que después de un tiempo, el jefe de la aldea dijo –considerando la fe del hombre creyente: “¡Yo también pertenezco a Jesucristo!”. Así él y toda la aldea se convirtieron a Dios.

La historia de este famoso himno es un reflejo de lo que puede llegar a costar seguir a Cristo. Nuestro Señor, en Lucas 14:25-33 nos exhorta a ser sabios y calcular el coste de lo que significa ser sus discípulos. ¿Realmente estamos dispuestos a pagar el precio? El cruel listado de tantos hermanos, la mayoría de ellos anónimos, que aparece en Hebreos 11, y otros muchos, que hoy día son perseguidos sin piedad, y ni siquiera tenemos constancia en las noticias de interés general, es lo que podemos sufrir cualquiera de nosotros, en el momento que menos nos esperamos. El mismísimo apóstol Pablo, desechó todo lo que tenía y había conseguido por seguir a Cristo, en el significativo capítulo 3 de la carta a los Filipenses.

El simbolismo de la inmersión en agua del bautismo y el levantamiento posterior simboliza una nueva vida en Cristo, pero también simboliza una ruptura con todo lo viejo, con el mundo, con sus esquemas y deseos, con sus miserias. ¡Ay si el mundo entero decidiera seguir a Cristo! ¡Ese si sería el cambio definitivo que todos esperamos! Pero sabemos que eso es difícil, mientras tanto, decídete por el cambio de tu vida, de tu mundo particular, de tus formas. Puede que sufras, puede que seas rechazado, burlado, pero al final vale la pena… seguir a Cristo. 

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