Madres

“…Y cuando tu madre envejeciere, no la menosprecies” Proverbios 23:22b

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En la actualidad no ser madre, no tiene comparación con los tiempos antiguos, en donde no ser madre se sufría un estado de humillación incomparable. Fijémonos en Raquel mujer de Jacob, que le dijo: Dame hijos, o si no, me muero. Las mujeres que eran madres, se veían con más alta estima y honor de las que no lo eran, miremos el caso de Agar sierva de Sara, mujer de Abraham la cual una vez que había concebido, miraba con desprecio a su señora. Y encima se tenía el agravante hasta hace muy poco tiempo, de que la mujer siempre era la estéril y el hombre nunca lo era. Las madres aparte de ser transmisoras de la vida, algunas han sido y son, transmisoras de la fe, desde Ana, madre del profeta Samuel, la madre del juez Sansón, Maria, madre del Señor Jesús, Elizabeth, madre de Juan el bautista, Eunice, madre de Timoteo, Mónica, madre de Agustin, Susana Wesley, madre de Juan y Carlos, Juana de Albret, reina protestante de Navarra, madre de Enrique IV de Francia y Navarra, etc. Desde Ana… Hasta tú mujer y madre, Dios te llama a ser testigo de su amor con tus hijos, y también con todos los niños que él te dará a conocer.

Hoy se celebra en muchos lugares

el popular día de las madres,

aunque ciertamente el día de ellas es:

todas las noches, mañanas, y tardes.

Para Dios las madres

son muy importantes,

es el instrumento que él usa

creando vidas a su imagen.

Por medio de unas madres

estamos tú y yo aquí,

y por la fe en Jesucristo

estaremos también allí.

Gracias a sus enormes cualidades

son consideradas de gran valor,

por su sencillez como la paloma

y su temple fuerte como el león.

Son las reinas en el hogar

y las siervas de las cosas de la casa,

son valientes cual soldado en la batalla

y todo lo infortunio lo aguantan y callan.

En tiempos de adversidad

saben muy bien el toro lidiar,

no hay nada en la vida

que a ellas se las pueda comparar.

En nuestra escala de valores

existen unos amores sin igual,

y el de las madres ocupan

un gran importante lugar.

Y es que amor en el mundo…

no hay como el de madre,

aunque, hay otro más inmenso

que es: el de Dios, nuestro padre.

Artículo y poesía de Jesús Mata

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