Cada palabra ociosa

“Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ello darán cuenta en el día del juicio. Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado” Mateo 12:35, 36.

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¡Esta es la comprensión de Jesús del evangelio! Vamos a mirarlo. Una palabra ociosa es, literalmente, una que no trabaja. Es una palabra estéril, inútil, no productiva, una que no da fruto, porque de fruto se trata. Jesús acaba de decir: “O haced el árbol bueno, y su fruto bueno, o haced el árbol malo, y su fruto malo; porque por el fruto se conoce el árbol”. Dijo esto porque los fariseos acaban de acusarle de ser malo y de sacar demonios por el poder de Satanás. Su respuesta es que para saber si una persona es buena o mala solo hay que mirar su fruto, sus obras, su vida. La vida de Jesús hablaba por sí misma. Sus obras buenas daban a conocer que procedía de Dios.

Después de establecer que él sí era bueno, le dice a sus opositores, los fariseos: “¡Generación de víboras! ¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca” (v. 34). La respuesta es que no pueden. Tienen corazones malos y no pueden hablar lo bueno, ni lo correcto, ni lo justo, ni de él, ni de nadie. Por tanto, lo que han dicho de él no es cierto. No pueden hablar acertadamente,  porque el habla procede del corazón, y ellos tienen un corazón malo. Así pues, no hay que hacerles caso. ¡Con estas pocas palabras Jesús se ha defendido delante del público y ha desacreditado a los fariseos! Las obras de Jesús son buenas, por tanto, él es bueno; ellos tienen veneno en la boca, porque su corazón es malo, ¡y de ello se tienen que dar cuenta en el día del juicio!: “de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ello darán cuenta en el día del juicio”. ¡Es más, ellos serán condenados! Jesús les dice: “¡por tus palabras serás justificado y por tus palabras serás condenado!”

La lógica de Jesús es contundente. Pero su misericordia también es muy grande. Si ellos tomasen a pecho este aviso, evitarían una horrorosa sorpresa en el día final. Quizás nos sorprende que Jesús se defienda. Pero tuvo que hacerlo para evitar confusión del parte del público. Si quedaba la duda que él sacaba demonios por el poder de Satanás, haría mucho daño.

Lo que dice Jesús del día de juicio tiene mucho que ver con todos, no solo con los fariseos. Como el árbol se da a conocer por su fruto, la persona se da a conocer por sus palabras, porque revelan lo que hay en el corazón. Si Cristo habita este corazón, las palabras no serán ociosas, sino productivas. Darán buen fruto. De Samuel se dice: “Y Samuel crecía, y Jehová estaba con él, y no dejó caer a tierra ninguna de sus palabras” (1 Sam. 3:18). Todas daban su fruto. “El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón, saca buenas cosas” (v. 35). Un corazón lleno de Jesús, nuestro Tesoro, se expresa por la boca, y estas palabras llevan buen fruto.

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