¿Entramos en la presencia de Dios los domingos a las 11?

“Me alegraré con los que me decían: A la casa de Jehová iremos. Nuestros pies estuvieron dentro de tus puertas, oh Jerusalén. ” Salmo 122:1, 2

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“Y allá subieron las tribus, las tribus de JAH… para alabar el nombre de Jehová” (v. 4). Dios vivía en su santuario en Jerusalén, y las tribus de Israel subían a su templo para acercarse a él, para hacerle culto, alabarle, presentarle sacrificios, celebrar los días festivos, y gozarse en su Dios. Este es un constante en el Antiguo Testamento. “Venid, aclamemos alegremente a Jehová; cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación” (Salmo 95:1). “Dad a Jehová la honra debida a su nombre; traed ofrendas, y venid a sus atrios. Adorad a Jehová en la hermosura de la santidad” (Salmo 96:8, 9). “Servid a Jehová con alegría; venid ante su presencia con regocijo” (Salmo 100:2).

Antes de la venida del Espíritu Santo era necesario entrar físicamente en la presencia de Dios, en Jerusalén; pero ahora, en esta dispensación, ¡la presencia de Dios ha venido a nosotros!: “Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él” (Juan 14: 23). Solo es cuestión de mantener la comunión con el Señor.

Pero nuestros cultos suelen reflejar la mentalidad del Antiguo Testamento, la de ir a la iglesia para encontrarnos con Dios, para entrar en su presencia por medio del culto. Cantamos:

·  “¿Quién entrará en tu santuario para adorar?”

·  “Entra en la presencia del Señor con gratitud”.

·  “Me acercaré al santuario del Padre”

·  “Venimos ante ti, Señor, con corazones alegres”

·  “Vengo a ti, Señor”.

No hay problema con cantar esto, ¡siempre que no sea nuestra realidad! El problema es que muchos están lejos del Señor durante la semana, preocupados con problemas, llevando pesadas cargas, ocupadísimos, sin tiempo para estar quietos delante del Señor e ir llenándose con él. Van al culto para llenarse, esperando encontrar al Señor en la reunión, y recibir de él para seguir con sus vidas ocupadas. ¡Es como ir a McDonalds para llenarse para toda la semana con comida rápida! Para estas sedientas almas, que el Señor tenga misericordia de ellos y que les ministre en el culto, pero hay algo mucho mejor. Es vivir siempre con tiempo para dedicarlo a la relación, siempre satisfechos con el Señor, siempre llenos. Esta es la enseñanza el Nuevo Testamento (Ef. 5:18-20). Bien traducido es: “Siempre id siendo llenos del Espíritu Santo”. La idea es de un grifo abierto y un vaso rebosando. Que el Señor nos ayude a organizar nuestras vidas alrededor de él, y para los que todavía no han aprendido el secreto de permanecer, que nuestros cultos sean de tanta bendición que lo aprendan, y que entren en una nueva etapa de su relación con el Señor en la cual siempre están en su presencia, siempre alegres en Dios, y siempre llenos.

M.L. Burt

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