El otro “Carpe Diem”

“yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.” Juan 10:10

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«Carpe Diem» es una locución latina que viene a significar algo así como aprovechar el día, el tiempo, el momento. Se le atribuye al poeta latino Horacio. Aunque este le dio un fuerte sentido de desconfianza ante el mañana. Esta expresión se ha utilizado para describir en literatura diferentes matices de lo que es aprovechar el momento, en el sentido de disfrutarlo a tope. Este uso se dio especialmente en el romanticismo, donde por un momento de felicidad casi se daba la vida, pues el futuro y Dios mismo, parecía quedar al margen de todo. Así se plasmaba no solamente en la literatura, sino en la misma pintura y en la escultura de la época, que puede reflejar la fugacidad de la vida. Pero hoy día podemos seguir hablando de esto, ya que vivimos una especie de «neoromanticismo», que pasa por la «posmodernidad» o por la «ultramodernidad», —que sin entrar a definir estas épocas o formas de ser de las diferentes generaciones—, diremos que estamos hablando del tiempo como algo que es acompañado por la impaciencia. El presente es lo más importante por ser lo que se vive en ese momento, planteándose el futuro con una perspectiva más desesperanzada.

Con esta reflexión quisiera abrir una nueva idea sobre «carpe diem», diferente a la que se tenía en tiempos del Apóstol Pablo, y que se ilustraría con la frase «comamos y bebamos que mañana moriremos».  Por lo tanto nos tomamos la licencia para darle a este tema un sentido bíblico, una perspectiva evangélica,  que pueda llevar a un entendimiento de lo que es vivir con toda su intensidad, trascendiendo el presente, o mejor dicho dándole un sentido más profundo, de manera que pueda proyectarse al futuro, y tenga sentido con la voluntad del que nos creó con un propósito determinado.

La vida abundante que Jesús ofrece tiene como paradigma al mismo Hijo de Dios. Él vivió el presente con toda intensidad, lo disfrutó y lo sufrió, pero lo hizo con una esperanza de que habría unas repercusiones beneficiosas, ya que para ello había venido. Jesús vivió con tanta intensidad el presente, que entregó su vida por amor centrándose en la cruz, sabiendo que el Padre lo había enviado, y teniendo el gozo que ello salvaría a las personas. Esta es la vida buena, que nos enseña la Biblia, y en la que el libro de Proverbios nos instruye; no es «la buena vida», sino «la vida buena».  Es diferente, es «el otro carpe diem» que el hombre debe vivir, y que un cristiano no debe desperdiciar.

La vida que Cristo nos ofrece está llena de contenido por un pasado que la certifica, la respalda, y que es referente, pero también por un mañana hacia el que se avanza de forma progresiva, como hacia una meta final, de plenitud; pero esa vida se experimenta en presente. Como cristianos HOY tenemos que darlo todo. El momento hemos de vivirlo con intensidad. Los cristianos hemos de contrarrestar, con nuestro testimonio, el mal ejemplo de tantos religiosos, que llamándose también cristianos, no están en Cristo, pues se conformaron con una experiencia antigua, o esperaron algo en el mañana, pero no vivieron la realidad que nos ha de empujar, en un presente, a tomar decisiones que bendigan este mundo y a nosotros mismos. Esto implica vivir la felicidad auténtica, la que también contempla problemas y dolor, pero un raudal de gozo y alegría por la presencia de Dios en nosotros.

Este «carpe diem» nos hará revisar constantemente planteamientos, desde una ética quizás más situacional, más acorde a la necesidad, pero con una fuerza vital del Espíritu de Dios que obra en las debilidades del ser humano para crear nuevas realidades y esperanzas futuras.

“Hijo mío, no te olvides de mi ley, Y tu corazón guarde mis mandamientos; Porque largura de días y años de vida Y paz te aumentarán. Nunca se aparten de ti la misericordia y la verdad; átalas a tu cuello, escríbelas en la tabla de tu corazón; Y hallarás gracia y buena opinión ante los ojos de Dios y de los hombres. Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas. No seas sabio en tu propia opinión; teme a Jehová, y apártate del mal…” Proverbios 3:1-7

Artículo de Juan Manuel Quero

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