Cultivar buenos hábitos

“Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga” Mateo 11:29-30

Camino-al-sol

 

Cuando hablamos de andar en luz, o andar como hijos de luz, no se trata tan sólo de quedarse en “serlo”, como si fuera un concepto etéreo, ambiguo y estático. Se trata de una afirmación que implica una acción, un movimiento. Y ¿Cómo se demuestra el movimiento? ¡Andando! Por lo tanto “andar” en luz es algo visible y palpable, una progresión, emprender un camino.

Todo camino que se emprende, tiene un comienzo y un final, pero también tiene muchos tramos de muchos tipos: Rectas, curvas, caminos lisos y en buen estado, pero también partes con muchos baches, cuestas abajo y también cuestas arriba, lugares con buena y mala climatología. Lo fácil y lo difícil.

Precisamente lo fácil es comenzar, ponerse en marcha requiere de una chispa, esa misma chispa que es capaz de poner en marcha el potente motor de un vehículo y hace que empiece a moverse, nosotros tenemos por chispa la motivación ¿Cuál es tu motivación? ¿Qué hace o que hizo que un día decidieras ponerte en marcha y recorrer el camino? Piensa bien estas preguntas porque luego volvemos con ellas.

Una vez puestos en marcha y recorridos los primeros kilómetros, en el camino de nuestra vida cristiana empiezan a surgir dificultades de distinto tipo: Dudas, distracciones, problemas personales, pruebas… etc… aunque, por supuesto, también hay momentos de gran gozo y alegría.

¿Cómo seguimos manteniendo el ánimo para seguir recorriendo el camino? De la misma manera que los vehículos necesitan combustible y mantenimiento para seguir recorriendo kilómetros., nuestra vida cristiana tiene que seguir motivada, aún a pesar de las dificultades ¡Especialmente en las dificultades!

Y aquí es donde entran en juego los hábitos. Si no tuviéramos hábitos de mantenimiento de nuestro vehículo y repostásemos combustible, llegaría un momento que dejaría de funcionar. Si nuestro cuerpo no recibiera alimento diario moriría por inanición. De hecho, nuestro propio cuerpo nos pide la ingesta de alimentos y bebida mediante el hambre y la sed.

Nuestra vida espiritual es igual, nuestro propio espíritu, si ha conocido a Dios, pide más de Dios: Una relación continua y estrecha. Las dificultades y el estrés al que estamos sometidos como hombres y mujeres del siglo XXI hace que esta necesidad se acentúe aún más. ¿Acaso nunca te has sentido agobiado y cansado de tu cotidianidad? Aprendamos a cultivar buenos hábitos, como la lectura cotidiana de la Biblia y momentos de oración íntima. Recordad que la mejor manera de orar es como nos enseñó Jesús en Mateo 6:5-13, con total sinceridad y en intimidad y quietud. ¡Busca desde hoy mismo un hueco en tu agenda diaria para un tiempo de calidad con el Señor!

Podemos tener presente a Dios en nuestros pensamientos durante todo el día, recordarle en cada acción que abordemos, pero los mejores momentos con él son los que podemos pasar de calidad. Leyendo su palabra, pero no de corrido como el que lee una revista en la sala de espera del dentista, sino pensando en todo momento que quiso decir el autor en todo momento y ese contexto, y qué tesoro podemos sacar de ese pasaje para nuestra vida. Orando, pero no de forma automática, como repitiendo un rezo (rezar = recitar, orar = hablar con Dios) o algo que nos han enseñado y que ni siquiera le prestamos atención de tanto repetirlo, tampoco rebusques las palabras ¡Estas hablando con tu Papá celestial, que te conoce incluso mejor que tú! No estás teniendo una audiencia con un embajador o con un ministro, así que abre tu corazón sin temor, pero con profundo respeto. Que tus palabras no impidan expresar lo que tienes que decir.

Sabemos que todos tenemos muchas cosas que hacer, todos estamos atareados, pero también le damos tiempo (en ocasiones mucho), a ver la tele, navegar por internet, hablar por teléfono, jugar, etc… que está bien, pero si realmente queremos cultivar buenos hábitos, para mantenernos en el camino sin desfallecer, tenemos que sacrificar parte de nuestro ocio o calibrar bien nuestra agenda para hacer un hueco para un tiempo de calidad para nuestro Dios. Esto es lo que Cristo llamó llevar su yugo, que es fácil.

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