Elí

“Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros. Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca.” Isaías 53:3-7

Pasioncruz

“La sangre de mi frente ya ha llegado hasta mis ojos y no puedo

ver la gente, que ha venido a verme, que ha venido a golpearme,

Cada gota de esta lluvia que me toca es como un frío baño,

y he probado vinagre con ese paño y estos clavos me hacen daño.

Padre dime ¿A dónde has ido? ¿Dónde esta el ángel de Getsemaní?

Contempla ahora a tu hijo herido, obediente hasta el fin,

¿Cuanto aguantara mi cuerpo? ¿Cuánto aguantara mi corazón?

Todo esto es por ellos, ¿Cuándo entraran en razón?

Elí, Elí, Elí, Elí, Lama Sabactaní

Dejé mi gloria para entrar en esta Historia, Salvar la Escoria,

y humillar al Sabio, a través de mis agravios,

crucificado en el calvario,

Estoy cansado, estoy desfigurado por la carga de tus pecados,

Que se amontona en mi cabeza, como esta corona de maleza.

Yo soy el Salvador soy el buen pastor, yo soy el Rey,

el Redentor, Yo soy la razón de la Creación,

YO SOY EL QUE SOY, Abba no abandones a tu Hijo

Pues estoy solo con la muerte, yo soy el Omnipotente,

pero moriré por verte

Elí, Elí, Elí, Elí, Lama Sabactaní”

Hace unos 20 años, una persona comentaba, mientras veíamos la película “Jesús”, una vez llegada la escena de la crucifixión, lo malos que eran aquellos que estaban torturando al Señor, y que no merecía este castigo. En aquel entonces, yo aún era muy joven y no entendía mucho de lo que veía, pero le daba la razón a esta persona. Pensé “Jesús no debería de pasar por este momento tan doloroso”… y en el fondo, todos teníamos razón… pero ¿Qué hubiera pasado si al maestro no lo hubieran crucificado? ¿Qué hubiera pasado si aquellos “malos” le hubieran dejado ir?

Esto nos plantea aún más interrogantes, pero algunas respuestas contundentes: la primera es que no se habrían cumplido las profecías sobre él y por lo tanto no sería el Cristo ¡Sería un impostor! Lo segundo es ¿Qué entendemos por “malos”? ¿Quiénes lo han crucificado? ¿Los fariseos, saduceos y demás autoridades religiosas? ¿Los romanos? ¿El pueblo de Jerusalén?

Definitivamente todos ellos y aún más… ¡Tú y yo! Nosotros también “estábamos allí”. Si no conociéramos al Señor como lo conocemos en la actualidad, si viviéramos en aquella época y en aquel lugar, nosotros también le insultaríamos, le escupiríamos, le despreciaríamos. Gritaríamos junto al resto de la multitud, frente a Pilato “¡Crucifícale! ¡Crucifícale!”, movidos por el furor de las multitudes, porque somos así de volubles y porque desconfiamos de aquellos que nos ofrecen algo que sale de la tradición impuesta por aquellos se creen justos.

Pero también y sobre todo, le hemos despreciado con nuestro pecado y nuestra indiferencia. Todo aquello en que hemos errado ha supuesto un bofetón a su desfigurado rostro, un latigazo a su espalda hecha jirones, o un martillazo a los clavos que destrozaron sus manos y pies, mientras él clamaba al Padre “Elí, Elí lamá sabactaní”.

¿Cuánto más nos tenemos que dar cuenta de lo que ha costado nuestra salvación? ¿Cuánto más tenemos que estar agradecidos? Jesús en la cruz ha demostrado quién es, cumpliendo una por una todas las profecías (entre ellas, la de Isaías en la cabecera de este artículo), pero sobre todo, ha demostrado un amor inmenso e incomprensible por la humanidad.

¡Gracias Señor!

Nota del editor: El primer párrafo es la letra de la canción “Elí”, del cantautor y líder juvenil español Álex Sampedro. El resto del artículo es de Santiago Hernán

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