Contentamiento

“No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.” Filipenses 4:11-13

Mariquita dedo copia

¿Por qué el apóstol Pablo escribe a los filipenses que está contento con lo que tiene?

No porque todo le salía bien, ni porque no necesitaba de nada, ni porque todas las personas le respetaban y le amaban, ni porque no sufría por nada.

Cuando era débil Cristo le hacía fuerte, cuando estaba vacío Cristo lo llenaba de su poder, cuando era pobre Cristo lo enriquecía cualquiera que fuera su situación.

Es interesante saber que él había aprendido a contentarse. Y es que el contentamiento no es algo genético, ni de un manual de cómo vivir la vida cristiana, ni de un taller en cuanto al pensamiento positivo ¡Nada de eso!

Él no estaba ligado a acontecimientos ni problemas (podríamos escribir mucho sobre esto pero no puedo).

Sinceramente estos versículos son muy difíciles para nosotros. Vivimos en una sociedad que está influenciada por un espíritu de descontento, y si nos comparamos con el resto del mundo, los occidentales somos ricos, tenemos a nuestra disposición cosas que jamás nos las hubiéramos imaginado ochenta años atrás. El deseo de tener, aunque tenemos de todo, ha destruido la gratitud, tenemos insatisfacción, desgana, quejas por todo, aburrimiento, y no estamos contentos con nada aunque tengamos de todo.

Creo que estamos constantemente buscando el contentamiento sin poder tenerlo de verdad (aunque no todos).

Escribe Max Lucado un artículo que dice:

“Una hora de contentamiento, un momento de paz, unos momentos de alegría nos hacen una visita de vez en cuando.”

Cuando pago la última letra del piso, ¡Qué bien, qué contento estoy! Pasan los años, pago el coche y el contentamiento me hace otra visita; pasa el tiempo y tengo un hijo, y me hace otra visita, pero ¿Por qué se tiene que ir tan pronto? ¿No será que lo despedimos pronto como si nos estorbara?

Sigue Lucado: “Este callejero llamado contentamiento llama a las puertas para ser recibido, pero muy pocas personas le abren la puerta, yo le pregunto por qué tan pocos le dan la bienvenida, él me contesta – yo cobro un precio muy alto, mi horario es excesivo, yo le pido a la gente que comerciemos con sus miedos y ansiedades, con sus prisas, con sus temores, con sus decepciones, etc.- Usted pensaría que yo tendría más compradores – Se rascó la barba y añadió pensativamente – pero la gente me parece extrañamente orgullosa de sus úlceras y de sus dolores de cabeza – Me gustaría darles a ustedes un testimonio: Hace poco una persona me dio la bienvenida aunque tenía una gran lista de cosas no hechas, sus responsabilidades eran una pesada carga como nunca, correspondencia por revisar, cuentas por revisar, etc.

¡Adiós agenda! ¡Te veré más tarde rutina! ¡Vuelvan mañana los quehaceres! “Hola contentamiento, entra.” Así que, nos sentamos y dijimos: ¿Las tareas? Tendrán que hacerse ¿Las llamadas? Se harán ¿Las cartas? Se escribirán. Pero todas se harán con una sonrisa.

Reconozco que no hago esto lo suficiente, pero trato de hacerlo más. En efecto estoy pensando en darle a ese vendedor callejero una llave de mi puerta. “A propósito contentamiento, ¿Qué vas a hacer esta tarde?””

Sí, las palabras de Pablo “He aprendido a contentarme cualquiera que sea mi situación” es fácil saberlas de memora (yo, el primero) si estoy descontento porque no tengo una cosa, cuando la tenga lo seguiré estando.

Ni la tecnología, ni las comodidades, ni en la diversión, ni en un maravilloso trabajo podrá contentarnos.

El contentamiento será nuestro invitado solo cuando Jesús reine en nosotros.

Pensamiento: La buena vida existe solo cuando dejamos de querer una mejor. El deseo por las cosas es un virus que drena el contentamiento del alma.

Artículo de José Antonio Mata

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