¿Por qué nos decepcionamos?

“(Jesús dijo) A cualquiera que te pida, dale; y al que tome lo que es tuyo, no pidas que te lo devuelva…Porque si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores aman a los que los aman.” Lucas 6:30 y 32

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¿Te has sentido alguna vez decepcionado? Estoy seguro que me respondes: ¡Muchísimas! Todos los seres humanos durante nuestra vida hemos sufrido muchas decepciones.

  • “Cuando acepté este trabajo nunca pensé que iba a ser de esta manera”
  • “Cuando me casé creía que era mi media naranja, pero qué decepción, ha sido todo lo contrario”
  • “Ayudé a mi amigo con todo mi corazón, y pensé que él haría lo mismo conmigo cuando lo he necesitado”
  • “He trabajado duro para que mi hermano salga adelante, pero ni me lo ha agradecido”
  • “Yo quería mucho a esa chica (o a ese chico) y luego se ha ido con otro (otra)”

Todo esto crea en nosotros un dolor llamado “decepción”. Pero ¿Por qué nos decepcionamos? Si lo meditamos tranquilamente llegaremos a la conclusión de que anticipamos con antelación el cómo es la persona, en vez de pensar que la persona no es como yo creo que es. Es decir, creamos en nosotros imágenes mentales que no son reales, nosotros mismos decidimos la forma que las cosas deben ser, y cuando no sucede así nos desalentamos o nos quejamos. Es más, podemos pensar que todo el mundo es así y no confiamos en nadie.

Nuestra disposición de aceptar las imperfecciones de los demás sin esperar recibir nada a cambio es difícil, por eso caemos en el calabozo de la decepción.

Sea cual sea la causa de la decepción, tiene el potencial de herirnos, desanimarnos y producir en nosotros amargura durante años.

Leí en un libro “El corazón paternal de Dios”:

“Nuestras decepciones pueden ser una fuente de gran bendición si reaccionamos ante ellas de la forma correcta. Nada puede lesionar nuestra integridad a menos que reaccionemos con una mala actitud. Las circunstancias decepcionantes pasarán, pero las reacciones que tengamos ante ellas determinan una elección moral y espiritual…”

“…Mientras hayan personas habrán decepciones pero tenemos que aprender a tratar con los fallos y debilidades de las personas y ello requiere paciencia y flexibilidad como Dios la tiene conmigo”

A veces pensamos que somos pacientes con todos pero no nos engañemos; cuando nos viene el problema, de nosotros sale lo que creíamos que no saldría nunca.

Cuando lleguen los últimos días de mi vida me arrepentiré de muchas cosas que he hecho, pero nunca me arrepentiré de haber servido a muchos aunque no haya recibido de ellos nada.

Te animo a que cuando te sientas decepcionado por las acciones de un/a hermano/a no te desconectes de él o de ella. Dios puede haberlo traído a tu vida para enseñarte lecciones de mucho valor. Si yo recibo decepciones, yo también decepciono.

 

Artículo de José Antonio Mata

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