Un año completamente nuevo

“Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.” Isaías 55:8-9

Amanecer

Haciendo memoria de lo sucedido en un año, como ha podido ser el pasado 2015, nos damos cuenta de que, ha sido una montaña rusa de emociones y sensaciones. Ha habido de todo, y eso crea un sentimiento extraño y contradictorio: Por un lado, es como si hubiese pasado mucho más tiempo, por la cantidad de cosas que han ocurrido, pero otro lado, ha sido un año que ha pasado rápido, precisamente porque de la manera que un niño se monta por primera vez en una frenética y vertiginosa atracción de feria y le asusta lo que puede pasar, una vez se ha cerrado su barra de seguridad para emprender la marcha. Al acabar el viaje respira aliviado pero al pasar un breve espacio de tiempo, piensa que este paseo ha sido corto, pero intenso.

A veces nos paramos a pensar en los planes que habíamos hecho en aquel ya “lejano” 2014, para el 2015 y decepcionados, comprobamos que no se han podido cumplir, por lo menos íntegramente y que han quedado muchos en “el tintero”. Ahora afrontamos un nuevo 2016, con nuevos planes, quizá arrastremos los de otros años. El cumplirlos o no dependerá de nuestra determinación, pero también, y sobre todo, de las tozudas circunstancias, que se empeñan en poner todo tipo de obstáculos para, por ejemplo, no hacer ese largo viaje que teníamos pensado, o esa nueva adquisición tan costosa y que nos ha llevado tanto ahorro, o quizá ese proyecto familiar que ideamos con tanta ilusión, pero que se vino abajo por una tempestad de problemas que han surgido con los días.

¡Nuestros planes son tan frágiles! Ahora afrontamos un año completamente nuevo. Es como si se hiciera borrón y cuenta nueva. Sin embargo, despertamos el día 1 de enero por la mañana, y comprobamos que es demasiado similar a la mañana del 31 de diciembre (fenómenos meteorológicos aparte). Y la realidad es que un año es simplemente, un cambio administrativo en nuestros calendarios. El mundo no cambia de un día para otro, y las personas tampoco, solo por añadir otra cifra a la abultada cuenta de la humanidad. Es como tratar de distinguir las fronteras de los países, las banderas, culturas o himnos nacionales, con tan solo mirar la tierra desde el espacio. No se ven cambios.

Sin embargo, este año, completamente nuevo, es una referencia que permanece con firmeza en nuestros corazones. Que al ver el reluciente nuevo calendario en la pared, todavía con las hojas casi intactas, el taco todavía “gordito”, sonriamos esperanzados porque tenemos un año completamente nuevo por delante, con sus alegrías y sus batallas, pero que comprendamos que se cumplan o no nuestros planes, seamos plenamente conscientes que los que seguro se cumplirán, pase lo que pase, son los de Dios. Y esos divinos planes ya sabemos que son siempre beneficiosos, aunque no lo veamos con nuestros ojos físicos.

Así es, vemos como en la Biblia, los planes de Dios, su perfecta voluntad se ha cumplido sistemáticamente siempre y eso que ha encontrado no poca oposición. Sobre todo, esta voluntad ha chocado frecuentemente con la voluntad y los pensamientos de muchos hombres, que anteponiendo su propio provecho, han errado por estar alejados del plan universal de Dios, y aunque durante un tiempo han triunfado, finalmente sucumbieron porque todo lo que hace el ser humano es finito y corruptible.

Los planes del pueblo de Israel se torcieron porque se alejaron de Dios, y acabaron, como era de esperar, siendo sometidos por potencias extranjeras, como Asiria y Babilonia. Pero asimismo los planes de ambas potencias fueron doblegados, a su vez, en el tiempo determinado por Dios. Y en medio de todo esto, Él hablaba por profetas, como Isaías, que además de amonestar contra el que se aleja de Dios, también daba palabras de esperanza en un futuro mejor, si este futuro se sincronizaba con la eterna voluntad de Dios. El capítulo 55 de Isaías es una muestra de lo grandioso y maravilloso que puede ser un final con Dios, aunque no dejemos de vagar por el desierto y aunque estemos cautivos en la temible Babilonia.

Este año 2016 desde estas breves líneas os animo a buscar la perfecta voluntad de Dios, a tratar de inquirir en sus caminos, a hallarle, mientras haya tiempo y pueda ser encontrado, y disfrutar de sus preceptos, que mientras muchos en la sociedad, los pueden considerar opresores, son una carga mucho más ligera que el pecado que podamos estar llevando en la espalda.

No hay mejor manera de buscarle y conocerle, que a través de su Palabra. Una buena forma de hacerlo es, por ejemplo, mediante un plan de lectura diaria, para poder completarla en un año.

¡Qué bueno es conocer el plan de Dios! ¡Qué gozo trae el saber de que sus pensamientos están muy por encima de los nuestros! ¡Qué reconfortante es percibir su amor a través de su divina Palabra, y experimentarla cada día!

¡Qué maravilloso es saber que esta es la oportunidad número 2016 (si me permitís la atrevida licencia de contar los años de su gracia de esta manera) para seguir buscándole!

Atrás quedó el 2015, que para bien y para mal, nunca volverá.

¡Feliz año 2016 completamente nuevo!

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