Una nueva referencia

“Hermanos, seguid todos mi ejemplo, y fijaos en los que se comportan conforme al modelo que os hemos dado.” Filipenses 3:17 (NVI)

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De izq. a der.: Nuestro nuevo pastor Jesús García, sus hijos Keyla y David, y la pastora Raquel Molina.

A la hora de orientarse cuando se visita un lugar nuevo, es importante buscar algo que sirva como referencia para encontrarlo luego cuando alguien se pierde. Este algo puede ser un comercio más o menos llamativo, puede ser un edificio o monumento emblemático o un lugar de especial interés.

En el país de origen de mi esposa, Nicaragua, y según me consta, al igual que en otros países vecinos en la región de Centroamérica, las ciudades tienen una curiosidad: Apenas hay calles que tienen nombre. ¿Y cómo hacen para dar una dirección? Me remito al párrafo anterior. Hay una serie de referencias populares, que sus habitantes conocen y de ahí cuentan las cuadras (manzanas) que hay hacia un punto cardinal o hacia un desnivel, por ejemplo: “De la Estatua de Montoya, 2 cuadras abajo sobre la carretera sur, o del Hospital de Salud Integral, 1 cuadra al sur.” Suena un poco lioso, pero en Managua, que es donde he sacado esta dirección real (la de la academia de mi suegro), están acostumbrados. La clave está en la referencia, la estatua bien visible de un héroe local, o de un conocido hospital, y de ahí a contar.

Necesitamos referencias para saber dónde estamos, y como ir a algún sitio, también a nivel espiritual y personal. Todo el mundo tiene a una o varias personas que le han servido de ejemplo, y esto es muy importante. Claro está, hay ejemplos… y ejemplos. No todos son positivos. Pero por regla general nos quedamos mayormente con los positivos. En nuestra mente permanecen por más largo tiempo, aquellas referencias humanas, que han sido de edificación y que han aportado mucho más que simples conocimientos a nuestro desarrollo personal. Es muy común encontrar en personalidades reconocidas, que cuando se les entrevista, mencionen a un maestro de su ramo, a un familiar cercano (generalmente sus padres), un amigo íntimo, o un mentor, que les ha estado acompañando y enseñando hasta convertirse en las personas que son hoy.

En el ámbito cristiano, una de esas referencias son los pastores. Todos recordamos a los pastores de nuestra infancia y juventud (los que hemos crecido en el evangelio), y todos recordamos quién era el pastor que estaba en nuestra iglesia cuando nos convertimos o aquel que contribuyó a nuestro discipulado al principio de nuestro testimonio, dentro de la iglesia.

No en vano, y quizá con un poco de osadía, a ojos de un lector contemporáneo, el apóstol (y pastor) Pablo de Tarso recordó a los filipenses que se fijaran en él mismo como referencia (Fil 3:17). ¿Acaso Pablo tuvo ahí un alarde de pedantería poniéndose como ejemplo y modelo de comportamiento? Más bien no, o si no repasad en ese mismo capítulo lo que afirma cinco versículos antes (os animo a leerlo), y también repasad todo lo que dice en el capítulo siguiente. Leyendo esta carta en su justo contexto, adivinamos una justa complicidad entre un pastor y apóstol, que ha participado activamente en el surgimiento y crecimiento de esta congregación, y los miembros de la misma, que han tomado desde el principio el modelo de Pablo como una referencia de lo que debe de ser un obrero al servicio del evangelio. Aunque evidentemente, y como sabemos de sobra, que la referencia por excelencia de Pablo es sin duda el Señor Jesucristo, del que hace una hermosa y breve oda al perfecto comportamiento humilde, en el capítulo 2 de esta misma carta a los de Filipos. ¡Cristo debe ser nuestra suprema referencia!

Este modelo es el que necesitamos en las iglesias actuales. Cristo ha sido, es hoy y será siempre el maestro, mentor y padre por antonomasia. Pero hacen falta siervos que lo reflejen, que muestren este ejemplo a los demás hermanos en la fe, y que tengan la autoridad suficiente, dada por la predicación y la vivencia fervorosa del evangelio, y la confirmación del Espíritu Santo a ellos mismos y al resto de los hermanos. Aquellos que al igual que Isaías, respondieron al llamado con convicción: “Heme aquí, envíame a mí”. Esos y muchos más son, entre otros, los pastores. Aquellos que se convierten en una referencia para los demás, pero no para convertirse en protagonistas en sí mismos, sino para guiar a un destino final mucho más excelso.

Siguiendo el ejemplo del principio: Si yo quiero ir a la academia de mi suegro, no me voy a quedar en la Estatua de Montoya, por bonita que sea, sino que lo tomaré como referencia para ir a mi destino. Así los pastores (misioneros, maestros, líderes, etc), guiarán a la meta final, esa que Pablo afirmó que aún no había conseguido, pero que estaba luchando por conseguir (Fil 3:12-14).

Dicho esto, me gozo en saber y anunciar que esta iglesia por fin puede disfrutar de una nueva familia pastoral, tras un breve tiempo de prueba.

Damos gozosamente la bienvenida a nuestros hermanos Jesús García y Raquel Molina, ambos pastores, que nos ayudarán en el camino. Y no nos podemos olvidar de sus dos hijos Keyla y David, jóvenes con talento y buena disposición.

Damos las gracias a Dios por ellos. Comenzamos una nueva etapa histórica en esta iglesia, que se prevé apasionante. Yo de vosotros no me la perdería.

Artículo de Santi Hernán

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