Hitos de esperanza

“Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra.” Éxodo 19:5

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Hace bien poco que regresamos de vacaciones y ya estamos en septiembre, gracias a Dios, aunque para muchos, desgraciadamente ya estemos en este mes, tan típico de regresos. Pero para bien y para mal, ya estamos en un nuevo mes, que significa generalmente, nuevos comienzos, especialmente para los que estudian una enseñanza reglada.

Muchos de nosotros, en estas pasadas vacaciones hemos optado por salir de nuestra ciudad y hemos emprendido un viaje en coche. Nosotros que estamos en el centro, si queremos buscar el mar y la playa, hemos tenido que hacer un viaje, un poco largo, de esos que pueden cansar. Y a la hora de emprender este tipo de viajes, y sobre todo, cuando se viaja con niños surge la clásica pregunta “¿Cuánto falta para llegar?” Ahí entran en juego una buena dosis de paciencia y estar pendiente de los llamados “Hitos kilométricos”.

Los hitos kilométricos son unos pequeños postes de metal (antiguamente eran de cemento, como la imagen de arriba) que marcan el kilómetro de la carretera en el que nos encontramos, y así nos hacemos a la idea de cuánto puede faltar para nuestra llegada y también podemos llevar la cuenta de todo lo que hemos recorrido.

Si hay un viaje bíblico que recordamos que fue especialmente largo y lleno de “hitos” es el éxodo del pueblo de Israel, desde Egipto hasta Canaán y en su posterior conquista con Josué a la cabeza. De entre los hitos que el pueblo escogido tomó como referencia para proseguir con su viaje podemos encontrar la peña de Horeb (Éx 17:6-7), el monte Ebal (Deu 27:4), las 12 piedras del Jordán (Jos 4:20-22), y muchos más lugares mencionados, donde el pueblo se llegó a asentar (Núm 33:5-49). Pero de todos los lugares recorridos, el más destacado fue el monte Sinaí (Éx 19:1-2), donde el pueblo se llegó a quedar por espacio de un año. Este emblemático lugar sería donde se desarrollaría la mayor parte de la ley, ya que fue el lugar que escogió Dios para revelarla a su siervo Moisés. Tal importancia cobró este alto en el camino, que se podría decir que a partir de Sinaí, Israel se formaría definitivamente como nación consagrada a Dios (Éx 19:5-6) para bendición al mundo.

¿Por qué estableció Dios este lugar y escogió este momento para un hecho tan importante como la revelación de la ley? Si observamos el texto, vemos que el pueblo había sido testigo hasta ahora de muchas bendiciones y milagros de Dios. Los suficientes para que el pueblo tenga presente al Señor en todo momento, y también sirvió para ponerlos a prueba, ya que este impresionante monte (en la foto de la derecha), tan escarpado, era un lugar de demostración de poder y también de fe en un momento en el que Moisés se apartó en su rocosa cumbre, mientras el pueblo quedó abajo, en el desierto, expectante de la manifestación de la presencia de Dios.

Nosotros, como pueblo escogido de Dios (esta vez, como iglesia), en la actualidad y en el lugar que ocupamos, estamos celebrando en esta nueva temporada que hoy se estrena, la llegada de un hito: 40 años de testimonio, desde aquellos primeros cultos celebrados en la pequeña capilla del Seminario Teológico, en Alcobendas, al amparo de la Iglesia madre de Barrio del Pilar.

Cuarenta años es una cifra redonda y simbólica, es precisamente la duración de la travesía de Israel por el desierto, la duración de los reinados de Saúl (Hch 13:21), de David (1 Re 2:11) y de su hijo Salomón (1 Re 11:42), y otros reyes.

Es por lo tanto, un motivo de celebrar y un hito… histórico y de esperanza. Un momento para echar la mirada atrás y comprobar cómo hasta aquí nos ayudó el Señor, y un punto y seguido en nuestro camino hacia ese día desconocido, pero ansiado y temprano en el que Él vuelva. ¿Por qué hemos cumplido todo este tiempo, y aún a pesar de todo, seguimos aquí? Desde luego no tanto por lo que nosotros hayamos podido lograr con nuestras fuerzas, sino más bien por la misericordia y bondad de Dios que nos escogió de antemano, en Cristo Jesús, para buenas obras (Ef 2:10) y porque para Él, al igual que dijo de Israel en su momento, somos su especial tesoro.

Sin embargo, esta bendición viene dada por dos condiciones, encontradas en el momento en el que Dios lo reveló a Moisés en el momento de detenerse ante el monte Sinaí (Éx. 19:5, pasaje de cabecera): Si diéramos oído a su voz y si guardamos su pacto.

¿Escucharemos su voz y guardaremos el pacto en esta nueva temporada? Estaremos expectantes a su presencia y por su gracia y bondad, celebraremos 40 años de testimonio y bendiciones.

Artículo de Santi Hernán

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