Precursores de la Reforma (1): Pedro Valdo

“Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro, tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.”. Hebreos 12:1-2”.

El 31 de octubre de 2017 se celebrará el quinto centenario de la Reforma Protestante iniciada por Martín Lutero. Dicho así tal parece que el proceso reformador de la iglesia comenzó en el momento que Lutero clava sus 95 tesis en su iglesia en Wittemberg. Pero tal cosa no es cierta. La reforma del siglo XVI no fue el trabajo de un solo hombre, sino de muchos hombres y mujeres que Dios levantó en diferentes lugares con la visión de retornar a la práctica de la vida cristiana según la verdad de las Escrituras. Fue obra de Dios por la que las circunstancias y el corazón de los hombres fueron preparados para trasladar al mundo de las tinieblas de la religión falsa, a la luz del evangelio de la gracia bajo la autoridad de las sagradas Escrituras Es de justicia dar a conocer a algunos de los principales precursores de la Reforma, que sufrieron persecución, torturas y muerte por causa de su propósito de regresar al verdadero evangelio de Jesucristo. Comenzamos una breve serie de cortas biografías de algunos de aquellos hombres de Dios, que son parte de esa “gran nube de testigos” que nos han precedido. Los datos biográficos han sido tomados de varias fuentes, principalmente de la obra “Historia del Cristianismo” del teólogo e historiador Justo González García.

Se desconoce el lugar de su nacimiento, pero se sabe que se estableció en Lyon (Francia) y se hizo mercader, muy exitoso en sus negocios. En 1173, un amigo íntimo con quien estaba conversando, murió de repente, lo que le produjo temor y ansias de salvación, por lo que fue a consultar con un sacerdote, que le repitió las palabras de Cristo al Joven rico (Mateo 19:21). Se cree que lo hizo irónicamente, pues Valdo era uno de los hombres más ricos de la ciudad. Éste lo tomó literalmente y distribuyó sus bienes en dos fracciones: Una parte para los pobres en momentos en que una hambruna muy grande asolaba a Francia y Alemania, la otra la entregó a dos eclesiásticos para que tradujesen el Nuevo Testamento del latín a la lengua que hablaba el pueblo común, y envió predicadores de pueblo en pueblo para que leyeran la Sagrada Escritura a quienes no sabían el latín ni leer, algo muy común en la época.

La predicación laica que hizo el movimiento valdense en 1179, llegó a oídos del papa Alejandro III, al que el propio Valdo había apelado. Éste prohibió a Valdo y sus seguidores predicar sin el permiso del obispo local. El obispo de Lyon rehusó dar su consentimiento por considerar que se estaba predicando un evangelio diferente. Ante esta proscripción, Valdo respondió a la jerarquía con las palabras del apóstol Pedro en los Hechos de los Apóstoles: “Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios”. De allí en adelante son perseguidos, siendo frecuente la tortura y la condena a muerte en la hoguera.

A pesar de ello, persistieron en su vida de pobreza y su predicación. Durante algún tiempo se esparcieron por diversas ciudades. Pero a la postre la persecución fue tal que se vieron obligados a refugiarse en los valles más retirados de los Alpes. Allí se les reunieron poco después los restos del movimiento de los “pobres lombardos”, muy semejante al de los valdenses, y también perseguido por la jerarquía eclesiástica. Debido a su historia, quienes se refugiaron en aquellos escondites no sentían aprecio alguno hacia Roma y el resto de la jerarquía eclesiástica. Sus seguidores, conocidos como los valdenses, creían que la Biblia era la única fuente de autoridad y rechazaban la organización y muchas de las prácticas de la Iglesia Romana.

Reinerius, inquisidor de Passau en el siglo XIII, dijo de los valdenses: “…sus seguidores viven justamente delante de todos los hombres y creen en todos los artículos del Credo, respetando en todo a Dios. Solamente blasfeman de la Iglesia y del clero romanos; por eso tan grandes multitudes de laicos les prestan atención”.

Cuando en el siglo XVI se produjo la reforma protestante, algunos predicadores reformados establecieron contacto con los valdenses, quienes aceptaron su doctrina y se hicieron así protestantes. En la actualidad todavía hay comunidades valdenses en varios países.

Artículo de Sidney A. Orret

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