Precursores de la Reforma (3): Juan Huss

“Respondiendo Pedro y los apóstoles, dijeron: Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres.” Hechos 5:29

Nacido alrededor de 1370, de una familia campesina, ingresó a la universidad de Praga cuando tenía diecisiete años. Excepto sus dos años de exilio y su encarcelamiento en Constanza, toda su vida transcurrió en Praga, la capital de su país, Bohemia, la actual República Checa. En 1402 fue hecho rector y predicador de la capilla de Belén. Allí se dedicó a predicar la reforma que tantos otros checos habían propugnado desde mucho tiempo antes. Su elocuencia y ardor eran tales, que pronto aquella capilla se volvió el centro del movimiento reformador. El mismo año que ocupó el púlpito de Belén, Huss fue hecho rector de la universidad, óptima posición para impulsar la reforma. Al mismo tiempo que predicaba contra los abusos que existían en la iglesia, continuaba sosteniendo las doctrinas generalmente aceptadas, y ni aun sus peores enemigos se atrevían a impugnar su vida o su ortodoxia. A diferencia de Wiclef, era un hombre en extremo afable, y grande el apoyo popular con que contaba.

El conflicto surgió en los círculos universitarios. Poco antes habían comenzado a llegar a Praga las obras de Wiclef. Un discípulo de Juan Huss, Jerónimo de Praga, pasó algún tiempo en Inglaterra, y trajo consigo algunas de las obras más radicales del reformador inglés. Huss parece haber leído esas obras con interés y entusiasmo, pues se trataba de alguien cuyas preocupaciones eran muy semejantes a las suyas. Los intereses del inglés no eran los del bohemio, quien no se preocupaba tanto por las cuestiones doctrinales como por la reforma práctica de la iglesia. Por tanto, la disputa fue en sus orígenes de carácter altamente técnico y filosófico.

El Papa, Alejandro V, prohibió que se predicara fuera de las catedrales, los monasterios o las iglesias parroquiales. Puesto que el púlpito de Huss, en la capilla de Belén, no cumplía esas condiciones, el golpe iba claramente dirigido contra él. Juan Huss tenía ahora que hacer la difícil decisión entre desobedecer al papa y dejar de predicar. A la postre su conciencia se impuso. Subió al púlpito y continuó predicando la tan anhelada reforma. Ese fue su primer acto de desobediencia, y de él surgieron muchos otros, pues cuando se le convocó a Roma en 1410 para dar cuenta de sus acciones se negó a ir. En consecuencia, en 1411 el cardenal Colonna lo excomulgó en nombre del Papa, por haber desobedecido la convocatoria papal. Así llegó Huss a uno de los puntos más revolucionarios de su doctrina. Un papa indigno que se oponga al bienestar de la iglesia, no ha de ser obedecido.

En 1412, Huss fue excomulgado de nuevo, por no haber comparecido ante la corte papal, y se le fijó un breve plazo para acudir. Si no lo hacía, Praga o cualquier otro lugar que le prestara refugio quedarían bajo entredicho, y la supuesta herejía de Huss redundaría en perjuicio de la ciudad. Por esa razón, el reformador checo decidió abandonar la ciudad donde había transcurrido la mayor parte de su vida, y se refugió en el sur de Bohemia, donde se dedicó a continuar su labor reformadora mediante sus escritos. Allí le llegó la noticia de que por fin se reuniría un gran concilio en Constanza, y que se le invitaba para acudir a él y ejercer su propia defensa. Además, el emperador le ofrecía un salvoconducto que le garantizaba su seguridad personal.

El 5 de junio de 1415, Huss compareció ante el Concilio de Constanza, Pedro de Ailly se hizo cargo del juicio, exigiendo que Huss se retractara de sus herejías. Huss insistía en que nunca había creído las doctrinas de Wiclef de las que se le exigía ahora que se retractara, y que por tanto no podía hacer lo que de Ailly requería de él. El rencor de su juez se enconó cada vez más. Lo que el Concilio pedía era que Huss se retractara de sus doctrinas, pero sin escuchar al acusado, en cuanto a cuáles eran las doctrinas que verdaderamente había creído y enseñado. Una sencilla retractación hubiera bastado.

La respuesta de Huss fue firme:

—Apelo a Jesucristo, el único juez todopoderoso y totalmente justo. En sus manos pongo mi causa, puesto que él ha de juzgar a cada cual, no a base de testigos falsos y concilios errados, sino de la verdad y la justicia.

Durante varios días se le tuvo encarcelado, con la esperanza de que se retractara. Muchos fueron a rogarle que lo hiciera, pero él se mantuvo firme. Por fin, el 6 de julio de 1415, fue llevado a la catedral de Constanza. Allí, tras un sermón acerca de la obstinación de los herejes, se le vistió de sacerdote y se le entregó el cáliz, solo para arrebatárselo inmediatamente en señal de que se le retiraban sus órdenes sacerdotales. Después le cortaron el cabello haciéndole una cruz en la cabeza. Finalmente le colocaron una corona de papel decorada con diablillos, y lo enviaron al quemadero. Camino del suplicio, lo llevaron junto a una pira en que ardían sus libros. De nuevo se le pidió que se retractara, y otra vez se negó firmemente. Por fin oró diciendo: “Señor Jesús, por ti sufro con paciencia esta muerte cruel. Te ruego que tengas misericordia de mis enemigos”. Murió cantando los Salmos.

Artículo de Sidney A. Orret

 

“Ama la verdad, vive la verdad, predica la verdad, defiende la verdad. Porque el que no habla la verdad, traiciona la verdad”

Juan Huss

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.