Reformadores: Erasmo de Rotterdam

“Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante” Hebreos 12:1

El proceso reformador de la iglesia en Europa, se produjo durante un largo período de tiempo y, por supuesto, se involucraron en él muchas personas, algunas de las cuales llegaron a ser muy conocidas y muchas otras fueron partícipes anónimos. Como es imposible relacionar a tantos que influyeron de alguna manera en dicha Reforma, hemos querido compartir estas breves biografías de algunos de los que más influencia tuvieron; influencia que, en muchos casos, ha llegado hasta nuestros días.

Esperamos que este sencillo homenaje sirva para que conozcamos a algunos más de esa gran nube de testigos de la que nos habla la carta a los Hebreos.

Erasmo nació en Rotterdam el 28 de octubre de 1466. Fue un humanista, filósofo, filólogo y teólogo holandés, autor de importantes obras en latín, de ahí que sea considerado por muchos como “El príncipe de los humanistas”. Fue hijo de un sacerdote y una mujer de procedencia burguesa. Entre 1478 y 1483 estudió en la escuela de Saint Lebwin, en Deventer, donde entró por primera vez en contacto con el humanismo. Después de ser ordenado sacerdote en 1492 en la orden de San Agustín, Erasmo estudió en la Universidad de París, lugar donde irradiaba con fuerza el Renacimiento de la cultura de Grecia y Roma. Es en esta etapa donde comienza el pensamiento humanista de Erasmo, que convierten al joven en un pensador libre y profesor de ideas independientes para su tiempo. Se dedicó a estudiar la literatura clásica y, por su fama de latinista, consiguió dejar el monasterio en 1493, como secretario del obispo de Cambrai. Su gran edición del Nuevo Testamento de 1516: con texto griego anotado y su traducción latina, muy distinta de la Vulgata, le dio renombre europeo.

Erasmo empezó a enseñar como profesor titular de Teología en la Universidad de Cambridge en Inglaterra. Se le ofreció un trabajo vitalicio en el Queen’s College de ésta y es posible que, de desearlo, hubiese podido pasar el resto de su vida enseñando Ciencias Sagradas. Sin embargo, su naturaleza inquieta y viajera y su espíritu curioso, junto a un incontrolable rechazo a todo lo que significara rutina, lo hicieron declinar ese cargo y todos los que le ofrecerían en adelante la realeza y nobleza inglesas. Vivió en Italia entre 1506 y 1509, la mayor parte del tiempo trabajando en una imprenta. A partir de estas conexiones con universidades y con escritores que iban a la imprenta, Erasmo comenzó a rodearse de quienes pensaban igual que él y rechazaban los abusos de la Iglesia.

Aunque inicialmente no le prestó gran atención, el crecimiento del problema luterano le hizo cada vez más difícil su insistente pretensión de neutralidad. En 1521 viajó a Basilea, para guardar su independencia y por lo insostenible de su situación, pues insistía en no ser beligerante. Implantada la Reforma en Basilea en 1529, ese mismo año recomendó a Paulo III un tono conciliador en el futuro concilio. Desde Basilea, de donde sus achaques no le dejarían salir, rechazó ser nombrado cardenal.

Como resultado de todas sus reflexiones y pensamiento, formado por las diferentes instituciones y personajes con los que tuvo contacto, Erasmo desarrolló un sentimiento de rechazo a la Iglesia Católica y llegó a la conclusión de que tanto los colegios como las Universidades y, en general, la misma Iglesia, impedían pensar libremente. Desde entonces se opuso a cualquier tipo de autoridad y buscó mayor libertad leyendo a escritores clásicos, puesto que ellos vivieron en los tiempos en que todavía el cristianismo no había triunfado. Lo que nadie podía prever era que la voluntad de Erasmo se resistiría a ser “quebrada” hasta el día de su muerte en Basilea, el 12 de julio de 1536.

Las obras de Erasmo produjeron una verdadera revolución intelectual en toda Europa, influenciando a autores contemporáneos y posteriores. La consecuencia más importante fue que por primera vez se tradujo la Palabra de Cristo al alemán y al inglés. Por otra parte, la increíblemente difundida popularidad de sus obras, traducidas del latín a las lenguas del pueblo y escritas en un lenguaje simple y directo, puso los más complejos problemas religiosos al alcance de todos los lectores del continente, universalizando y haciendo accesibles numerosas cuestiones que hasta ese momento habían sido exclusivas de una pequeña élite intelectual eclesiástica.

Para unos hereje, que preparó el terreno a la Reforma, para otros racionalista y humanista, hombre de letras ajeno a la religiosidad; y para otros gran moralista y lúcido renovador cristiano, Erasmo quiso unir humanismo clásico y dimensión espiritual, equilibrio pacificador y fidelidad a la Iglesia; condenó toda guerra, reclamó el conocimiento directo de la Escritura, exaltó el laicado y rehusó la pretensión del clero y de las órdenes religiosas de ostentar el monopolio de la virtud.

Artículo de Sidney A. Orret

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