El mejor regalo

“Cuando los magos llegaron a la casa, vieron al niño con María, su madre; y postrándose lo adoraron. Abrieron sus cofres y le presentaron como regalos oro, incienso y mirra.” Mateo 2:11

“Porque nos ha nacido un niño, se nos ha concedido un hijo; la soberanía reposará sobre sus hombros, y se le darán estos nombres: Consejero admirable, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz.” Isaías 9:6

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Los magos (o sabios) de oriente (los conoceréis popularmente como los “los Reyes Magos”) aparecen de repente en uno de los dos relatos de la navidad que nos cuenta la Biblia, concretamente en el evangelio según San Mateo (capítulo 2), como un momento importante. Unos personajes que aparecieron sólo en este momento, y cumplieron un cometido muy concreto y que luego no se supo más de ellos (la Biblia no nos cuenta nada más de ellos), luego, siglos de tradición más tardía les supusieron que eran tres, que eran “Reyes”, que sus nombres eran “Melchor”, “Gaspar” y “Baltasar” y que incluso venían de distintas partes del mundo, de ahí sus razas. Aunque fuera del texto bíblico no hay nada más que lo que nos cuenta Mateo.

Su venida supone una alegría pues traen regalos para todo el mundo, aunque en España solemos celebrar con mayor intensidad su llegada entre los días 5 y 6 de enero. ¡Qué hermosa es la tradición de los Reyes! Yo, desde luego, la prefiero a la de Papá Noel. Además de que se acerca un poco más a la Biblia, es un poco más nuestra.

Pero si leéis el texto de Mateo 2:1-12, y os fijáis bien, que aunque estos misteriosos magos trajeron regalos al recién nacido Jesús, regalos que supusieron una auténtica providencia para José y María y el futuro de esta familia (¡Qué bien les vinieron!), el verdadero regalo lo recibieron ellos. Nos dice el texto que “al ver la estrella, se llenaron de alegría”. No es tanto por haber visto una estrella, sino por el hecho de que ésta les señaló definitiva y claramente donde estaba el niño. Habían terminado su largo viaje y habían conseguido su propósito.

Antes de ofrecer los regalos al niño, nos cuenta el texto que “postrándose lo adoraron”. ¿Qué tendría de especial este niño para emprender un viaje de miles de kilómetros prácticamente a la aventura? ¿Por qué le llevaron este tipo de regalos? ¿Por qué el mayor regalo lo recibieron ellos?

El hecho de que estos sabios extranjeros acudieran desde lejos para buscar al “rey de los judíos” hizo que este no sería un rey cualquiera ¿Qué clase de rey nace en un sucio establo en un pueblecito apartado? La clave está en los regalos que le hicieron: Oro: regalo propio para un rey. De esta manera le reconocieron como tal, aún a pesar de que su trono era un comedero para animales; incienso: una especia usada por los sacerdotes en el culto. Le reconocieron como tal, aún a pesar de que aún era un bebé; y mirra, un ungüento especial, usado antiguamente para embalsamar a los muertos. Aquellos sabios intuían que este sería aquel que sería sacrificado y muerto en nuestro lugar, aún a pesar de que en ese momento, su vida acababa de empezar.

El regalo lo recibieron ellos porque pudieron constatar visiblemente que este rey, aún siendo bebé, sería el que iba a reconciliar al mundo con Dios, cuya venida al mundo sería profetizada cinco siglos atrás, y que de hecho era el mismo Dios el que estaba ahora durmiendo en una improvisada cuna de paja (Isaías 9:6).

¡Qué regalo para los magos el haber visto con sus propios ojos a Dios mismo, en forma de niño recién nacido! ¡Qué privilegio el poder haberse postrado, haberle adorado y ofrecido sus regalos! Mereció la pena el largo viaje.

Pero este regalo no solo era para los magos, sino para todo el mundo. Todos los seres humanos hemos recibido a este mesías prometido, pero no todos lo aceptaron. Herodes no sólo no se molestó a recorrer los 5 kilómetros que separan Jerusalén de Belén para ir a verle sino que envió soldados para intentar matarlo (pensaba que este niño usurparía su trono), y los religiosos y maestros del lugar, aunque conocían las antiguas profecías, ni estaban ni se les esperaban por el establo. Treinta y tres años más tarde estos mismos religiosos serían los que pedirían que mataran a Jesús en una cruz.

Pero de una u otra forma, este niño triunfaría, no sólo se libraría de la muerte de parte del sanguinario Herodes, sino que la vencería tres días después de morir en la cruz. Ahora reina en el cielo, pero también quiere reinar en tu corazón ¿Se lo ofrecerás en el día de hoy? No hay mejor regalo para él que tú mismo y no hay mejor regalo para ti, que este niño de Belén, este mesías prometido, que hoy te trae esperanza, paz y vida eterna y abundante, si lo aceptas en tu corazón. ¡Feliz Navidad!

Artículo de Santi Hernán (los textos bíblicos empleados son de la Nueva Versión Internacional)

 

 

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