Especial reformadores: Anabaptistas (1) Tomás Müntzer

“pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos.” Gálatas 3:26-27

03_muntzer_miquelwert.jpg

Tanto Lutero como Zwinglio manifestaban que el cristianismo había dejado de ser lo que había sido en tiempos del Nuevo Testamento. Lutero deseaba librarlo de todo lo que contradijera las Escrituras; y Zwinglio sostenía que solo debía practicarse o creerse lo que se encuentra en la Biblia. Pronto aparecieron otros grupos que señalaban que el propio Zwinglio no llevaba esas ideas a su conclusión lógica, y que ambos olvidaban que en el Nuevo Testamento se expresa un contraste entre la iglesia y la sociedad que la rodea. Por eso fue perseguida, pues la sociedad romana no podía tolerar al cristianismo primitivo. Por tanto, para ser obediente al mandato bíblico, la reforma debía ser más profunda y no limitarse a una reformulación de las doctrinas. La iglesia no debía confundirse con el resto de la sociedad; y la diferencia entre ambas es que, mientras a una sociedad se pertenece por el mero hecho de nacer en ella, sin decisión al respecto, para ser parte de la iglesia hay que hacer una decisión personal. La iglesia es una comunidad voluntaria, y no una sociedad dentro de la cual nacemos. Por esta razón, estos grupos rechazaban el bautismo de niños, pues éste daba a entender que se es cristiano sencillamente por haber nacido en una sociedad supuestamente cristiana, lo cual oculta la verdadera naturaleza de la fe cristiana, que requiere una decisión personal. Sostenían además que el cristianismo en su esencia misma, es pacifista.

Algunos grupos que defendían tales opiniones aparecieron en diversos lugares durante el siglo XVI, pero fue en Zurich donde primero surgieron a la luz. Había allí un grupo de creyentes, asiduos lectores de la Biblia, que instaban a Zwinglio a tomar medidas reformadoras más radicales. Estas personas, que se daban el nombre de “hermanos”, sostenían que se debía fundar una congregación de verdaderos creyentes, en contraste con quienes se decían cristianos por el hecho de haber nacido en un país cristiano y haber sido bautizados de niños. Cuando resultó evidente que Zwinglio no seguiría el camino que propugnaban, algunos “hermanos” decidieron fundar esa comunidad de verdaderos creyentes. Para hacerlo, el exsacerdote Jorge Blaurock le pidió a Conrado Grebel, otro de los hermanos, que lo bautizara. El 21 de enero de 1525, junto a la fuente que se encontraba en la plaza de Zurich, Grebel bautizó a Blaurock, quien acto seguido hizo lo mismo con otros hermanos. Aquel primer bautismo no fue por inmersión, pues la preocupación no era la forma en que se administraba el rito, sino la necesidad de que la persona tuviera fe y la confesara antes de ser bautizada. Más tarde, queriendo ser bíblicos en todas sus prácticas, empezaron a bautizar por inmersión. Pronto se les dio el nombre de “anabaptistas”, que quiere decir “rebautizadores”, nombre por el que se les conoce en la historia, aunque no del todo exacto, pues lo que decían no era que fuese necesario bautizarse de nuevo, sino que el primer bautismo no era válido, y que el que se recibía después de confesar la fe era el primero y único.

Muchos de los primeros jefes del movimiento anabaptista eran intelectuales y casi todos eran pacifistas, pero pronto aquella primera generación pereció víctima de la persecución, y el movimiento se fue haciendo cada vez más radical, apoyando el resentimiento popular provocado por la rebelión de los campesinos contra los abusos y la injusticia de los señores feudales. Poco a poco, el pacifismo original se fue olvidando, y el movimiento tomó un giro violento. Uno de sus seguidores fue Tomás Muntzer, quien ya desde antes de nacer el movimiento había adoptado algunas de las doctrinas que después promulgaría con sus ansias de justicia para los campesinos.

Müntzer nació en Stolberg, Sajonia-Anhalt, Alemania, en 1489. Inició su carrera eclesiástica como confesor en el Convento Beuditz, de monjas cistercienses, en Weissenfels, donde dedicó mucho tiempo a la lectura de libros sobre la historia de la Iglesia y la Biblia. En mayo de 1520 llegó a Zwickau, y en octubre fue encargado de la parroquia obrera de Santa Catalina. Allí conoció y se asoció con tres predicadores anabaptistas: el tejedor Nicolás Storch, Thomas Dreschel, y el teólogo Marcos Stübner. Fueron expulsados de Zwickau en 1521. Se separó entonces de la ortodoxia luterana e inició la predicación de su propia doctrina y práctica, junto a un mensaje revolucionario y teocrático que instaba a construir el reino de Dios en la Tierra. Su doble enfrentamiento contra católicos y luteranos, lo obligó a huir a Praga. Allí lanzó su Manifiesto de Praga, en el cual afirmaba que el pueblo pobre era el que podía recibir los dones del Espíritu Santo y restaurar la Iglesia, corrompida por los clérigos opulentos. Para recibir al Espíritu era necesario aceptar la Cruz de Cristo.

Después de peregrinar por Bohemia, fue aceptado en Allstedt como pastor en la iglesia de San Juan, donde se casó y sistematizó su pensamiento. Se adelantó a Lutero en establecer una nueva ordenación del culto en alemán y de la práctica de la Santa Cena o Eucaristía, compuso varios himnos y organizó una comunidad ajustada a sus ideas. El 13 de julio de 1524, en el castillo de Allstedt, en presencia del Príncipe Elector Juan, su hijo y otros nobles y magistrados, pronunció el llamado Sermón ante los Príncipes, en el cual afirmó que laicos y campesinos pobres tenía una visión más clara que los gobernantes desorientados por malos sacerdotes. Müntzer no se limitó a predicar y fundó una organización clandestina revolucionaria, la Liga de los Elegidos y el 7 de agosto de 1524 se unió a la rebelión de los campesinos. En 1525 se instaló en la ciudad anabaptista de Mühlhausen, desde la cual sublevó la mayor parte de Turingia contra la Iglesia y los señores. Gobernó con una constitución democrática y clerical hasta que una coalición de príncipes alemanes derrotó a su ejército campesino. El 15 de mayo de 1525, en la batalla de Frankenhausen, Müntzer fue capturado, azotado, torturado, y decapitado, el 27 de mayo de 1525.

Artículo de Sidney A. Orret

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.