Especial reformadores: Los hugonotes

“Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.” Mateo 5:9-10

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También en Francia la Reforma tuvo importante repercusión. Aunque ya desde 1512 existían grupos descontentos por la situación religiosa y social, no fue hasta 1534 cuando los protestantes franceses se unirían a la doctrina de Juan Calvino. A éstos se les llamó hugonotes, nombre de origen incierto que parece referirse a grupos confederados bajo juramento o proceder del nombre de unos de los líderes del movimiento en Ginebra llamado Besançon Hugues.

En octubre de 1534 apareció en las principales calles de París, un cartel con un texto titulado “Artículos verdaderos sobre los horribles, grandes e insoportables abusos de la misa papal.” En dicho cartel, el papa, el clero y los monjes eran caracterizados como “falsos profetas, engañadores condenables, apóstatas, falsos pastores, idólatras, seductores, mentirosos y blasfemos execrables, asesinos de almas, renunciadores de Jesucristo, falsos testigos, traidores, ladrones y robadores del honor de Dios y más detestables que los demonios”. Una copia de dicho cartel fue pegada en la puerta del dormitorio del rey.

Los hugonotes fueron un colectivo perseguido y aislado por la sociedad francesa durante los siglos XVI y XVII. Creían que la autoridad de Dios estaba por encima de todas las cosas, la premisa básica del calvinismo. Desde su exilio, Calvino organizó las Iglesias reformadas de Francia, criticó a la Iglesia católica por sus métodos e impulsó la doctrina protestante.

Los poderes franceses no eran nada partidarios de los hugonotes y de su “Iglesia reformada”. Los consideraban una lacra y los calificaban como “pretendida religión reformada”. En 1559, en el Sínodo de París, los hugonotes franceses presentaron una declaración doctrinal calvinista a Francisco II, recién proclamado rey de Francia. No obstante, la aristocracia provocó una dura represión contra los declarantes. Entre 1562 y 1594, todos aquellos relacionados con los hugonotes fueron perseguidos y exterminados, culpándoles de herejía.

La rivalidad política entre católicos y los protestantes franceses de doctrina calvinista, se fue recrudeciendo cada vez más hasta llegar a convertirse en un conflicto armado conocido como las Guerras de Religión. En ella se produjo un terrible episodio de violencia, conocido como la matanza de la noche de San Bartolomé. Los hechos comenzaron en la noche del 23 al 24 de agosto de 1572 en París y se extendieron durante los meses siguientes por todo el país, siendo masacrados miles de seguidores hugonotes.

Tras cuarenta años de conflictos. la llegada al trono de Enrique IV en 1589, cambió la suerte de los hugonotes El rey, de creencia calvinista, se vio obligado a abrazar el catolicismo para poder ser reconocido como rey de Francia, lo que no le impidió simpatizar con el colectivo protestante y concederles puestos de poder dentro del gobierno y de la sociedad. El 13 de abril de 1598, firmó el Edicto de Nantes, que garantizaba cierta libertad de culto. Su influencia ha llegado hasta nuestros días. Los menonitas de hoy descienden de Menno y toman de él su nombre, y las iglesias bautistas, surgieron también del movimiento anabaptista por él encabezado. Toda denominación que cree en una iglesia libre formada por adultos bautizados, que libremente se asocian con ella y no es formada automáticamente por todos los que residieran en cierta área, existe gracias al valor y el empeño de Menno para recobrar este concepto bíblico.

Sin embargo, el 18 de octubre de 1685, Luis XIV decidió revocar de forma unánime
el Edicto de Nantes y proseguir el exterminio de los protestantes franceses. Viendo el panorama hostil, la mayoría de los hugonotes huyeron a los Países Bajos, Suiza, Inglaterra y a Prusia, así como a las colonias británicas en América. Más adelante se vería que su participación en territorios como América del Norte sería clave para el establecimiento de nuevas naciones. Como muchos de ellos eran comerciantes y muy industriosos, su ausencia significó una pérdida para Francia. Hacia principios del siglo XVIII los hugonotes parecían haber sido eliminados. A pesar de la firme oposición del clero católico, un edicto de 1787 restauró en parte los derechos civiles de los hugonotes. En 1789, con la Revolución Francesa, la Asamblea Nacional afirmó la libertad de religión y otorgó a los protestantes el derecho de ejercer cualquier oficio y profesión.

Finalmente, en 1802 y gracias a Napoleón, los hugonotes recuperaron todos sus derechos como ciudadanos franceses.

Artículo de Sidney A. Orret

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