La Reforma Protestante en España

“Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor. Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana y la tardía.” Santiago 5:7

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En España la reforma luterana no prendió de manera intensa, debido a que se dio una prerreforma católica impulsada por los Reyes Católicos y el cardenal Cisneros, aunque paradójicamente ésta contribuyó a preparar el ambiente para que tuvieran éxito los postulados protestantes. Éstos se evidenciaron principalmente en dos movimientos diferentes: el erasmismo y el alumbradismo, precedentes de la reforma de Martín Lutero, que encontró un buen caldo de cultivo en ellos, y se desarrollaron especialmente en ambientes cultos como en la Universidad de Alcalá de Henares y en la corte del emperador Carlos V.

Los seguidores de Erasmo pretendían renovar la vida espiritual y ejercieron una notable influencia en la primera mitad del siglo XVI. Criticaban los abusos de la curia romana y deseaban llegar a un acuerdo con los protestantes alemanes; privilegiaban la religiosidad interior y subrayaban la decadencia de las órdenes religiosas. El avance del erasmismo se frenó en España cuando la Inquisición interrogó en 1533 a Juan de Vergara, amigo personal de Erasmo.

Por su parte, el alumbradismo fue una doctrina pseudomística basada en una peculiar iluminación interior que, según sus defensores, provenía directamente de Dios, al margen de la Iglesia, facilitando la perfección y las revelaciones particulares. Menéndez Pelayo, en su obra “Los heterodoxos españoles”, lo considera un cáncer del misticismo y lo describe como una religiosidad exaltada, autárquica e individualista, enfrentada a las normas oficiales.

En la península ibérica tardó en penetrar la reforma porque la comunicación entre las ciudades no era muy fluida y la difusión de la imprenta fue lenta y paulatina. A pesar de las prohibiciones de la Inquisición, los libros luteranos circularon por España. En 1540 la Inquisición elaboró su primer Índice de libros prohibidos; sin embargo, en Amberes se editaron muchos libros luteranos que de hecho llegaron al mercado español. Al contrario de lo ocurrido en países de la Europa central y del norte, en España se produjo un rechazo popular a todo lo heterodoxo. La aparición de focos de protestantismo en Valladolid y Sevilla a mediados del siglo XVI supuso una desagradable sorpresa para las autoridades civiles y religiosas españolas.

El grupo de Valladolid:

Su fundador fue un italiano, Carlos de Seso, corregidor de la ciudad de Toro, que se había convertido al protestantismo después de leer a Juan de Valdés. En torno a él se formó un grupo integrado por unas cincuenta y cinco personas, la mayoría de ellas nobles o conversos, entre las que destacaba el doctor Agustín de Cazalla, canónigo de Salamanca y antiguo capellán y predicador de Carlos V, y cuya familia también había abrazado la fe protestante. Una de los miembros de la familia, María de Cazalla, había sido condenada por la Inquisición por alumbrada. También formaban parte del grupo miembros de la nobleza cristiana vieja, como fray Domingo de Rojas, hijo del marqués de Poza, o Ana Enríquez, hija de la marquesa de Alcañices, a la que dijo «que no había más que dos sacramentos, que eran el bautismo y la comunión, y que esto de la comunión no estaba Cristo de la parte que acá tenían… y que lo peor de todo era decir misa, porque sacrificaban a Cristo y ya estaba sacrificado una vez».

El grupo de Sevilla:

En Sevilla existía un grupo de protestantes, compuesto por unas 120 personas, que giraba alrededor del convento de los jerónimos de Santa Paula y en el monasterio de San Isidoro del Campo. Del grupo formaban parte Cipriano de Valera, Casiodoro de Reina, Juan Pérez de Pineda y Antonio del Corro que huyeron antes de ser descubiertos, convirtiéndose en personajes muy importantes en la Reforma protestante europea. En principio estos monjes jerónimos, grandes lectores de Lutero y de Melanchton, se instalaron en Ginebra.

En los años 60 del siglo XVI se produjo la caza de «luteranos» por la Inquisición, que logró hacer caer en sus redes a miles de españoles que, en un momento de descuido, habían hecho algún elogio de Lutero o pronunciado manifestaciones anticlericales. Fue esta la causa por la que muchos participantes en dichos grupos de personas que intentaron introducir en España las ideas de la Reforma, se vieron perseguidos, encarcelados, torturados y llevados a la muerte, condenados por herejes en numerosos autos de fe.

Artículo de Sidney A. Orret

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