Reformadores españoles: Antonio del Corro

“Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz estará con vosotros.” Filipenses 4:9

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Antonio del Corro nació en Sevilla en 1527. Hijo de un doctor en Leyes y pariente cercano de un inquisidor del mismo nombre, ingresó como monje jerónimo en el monasterio de San Isidoro del Campo (de Santiponce, Sevilla), donde había un núcleo de teólogos protestantes. Descubierto por la Inquisición el lugar de las reuniones, no fue difícil dar con los asociados, elevándose a unas 800 personas el número de los procesados. Los monjes de San Isidoro trataron de huir, mas no todos consiguieron salvarse.

Antonio del Corro sí consiguió huir en 1558 con sus compañeros, los futuros primeros traductores de la Biblia al castellano, Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera. Se refugiaron en Ginebra. Fue quemado en efigie en 1562 y tuvo el honor de ser incluido en el Index librorum prohibitorum (Índice de libros prohibidos) de 1570 como autor de primera clase.

Convertido al Calvinismo, de Ginebra pasó a Lausana, donde estudió en su famosa Academia. En 1559, se trasladó a Nérac, corte calvinista y en esta ciudad redactó unas Reglas Gramaticales para aprender la lengua española y francesa. En Albret dio clases de español al futuro Enrique IV de Francia, predicó y enseñó. De allí pasó a ejercer su ministerio en Teobon, desde donde escribía a Casiodoro de Reina en 1563 consultándole dudas teológicas que mostraban su propensión al racionalismo místico. De allí pasó a ser pastor en Bergerac, donde recibió la visita de su antiguo condiscípulo Casiodoro de Reina.

Después fue nombrado capellán de la Duquesa de Ferrara, en su palacio de Montarguis; a donde llevó también a Reina y a Juan Pérez de Pineda. Después marchó a Amberes, donde predicó a una congregación francesa y publicó en francés en 1567 una carta al Rey de España) en la que propone la libertad religiosa como única solución para apaciguar las turbulencias en que ardían los Países Bajos y se lamenta de la división de la iglesia en Amberes. Si bien trató de mediar, como había expuesto su criterio favorable al calvinismo en la cuestión de la Cena, se vio envuelto en aquel profundo conflicto que odiaba.

Por eso fue acusado de hereje y cuando en 1569 pasó a Londres, halló tal prevención contra él que se vio precisado a reclamar la protección del obispo Sandry, quien, si bien le dio un certificado de pureza de doctrina, aunque más tarde le fue retirada la licencia de predicar y se le vejó para obtener una retractación, a lo que se negó continuamente. Corro protestó, dio a luz varios folletos y llegó a decir que en la Iglesia reformada existía más tiranía que en la Inquisición española. Al cabo de los dos años que aproximadamente duró la polémica, el nuevo obispo de Londres designó árbitros que oyesen a ambas partes y absolvió a Corro. Marchó entonces a Alemania, publicó las Actas del Consistorio y volvió a Inglaterra.

En Inglaterra formó una familia de la que poco se sabe y escribió libros y numerosas cartas a los grandes de su tiempo. En 1581 obtuvo una prebenda de la Iglesia de Inglaterra, en la cual terminó tras su paso por el Calvinismo. Por una carta fechada en 1583 se sabe que en esa fecha continuaba en Oxford.

Corro falleció en Londres en 1591 y fue sepultado en la iglesia de San Andrés.

Artículo de Sidney A. Orret

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