Una respuesta a nuestra generación

“sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros.” 1 Pedro 3:15

Está claro que todos tenemos una misión que cumplir. Ir a la iglesia es incompatible con una vida acomodada en el que simplemente una persona viene a sentarse a presenciar un “espectáculo”, o quizá participar someramente de él, y luego marcharse a casa sin ningún cambio. Ser cristiano implica necesariamente inmiscuirse en una tarea, un ministerio, sin importar cuán simple o complejo nos parezca: ya sea predicar, presidir, limpiar el local de reuniones, ayudar en la obra social o a preparar alguna actividad para la comunidad, participar en la dirección de la alabanza o batallar en la oración. El reino de Dios es el único en el que no existe el desempleo y hay trabajo para todos. Pero ¿hay alguna tarea hacia la que tiene que apuntar la iglesia entera?

Sí, de hecho más de una, pero nos centraremos en este momento en una misión encomendada hace casi ventiún siglos. El objeto de esta misión está claramente definida en el texto de La Gran Comisión, en Mateo 28:19-20: “Id y haced discípulos…”, la cual fue ordenada directamente por nuestro Señor Jesucristo.

Hacer discípulos no consiste solamente en salir, proclamar a Cristo y esperar alguna respuesta. Eso sólo una parte, y es necesaria, pero la misión es mucho más. La misión es integral, porque mientras las personas caen rendidas a los pies de Cristo, detrás tiene que haber una iglesia entera que se encargue de ayudar, cuidar de esta persona, y procurar su crecimiento en la fe.

También la misión es bíblica, porque, como ya hemos visto antes, parte de una mandato puramente bíblico, pero además, y sobre todo está basado en el mensaje bíblico. No nos tenemos que inventar nada, no debemos de proclamar otra cosa. La fe es por el oír y el oír, por la Palabra de Dios (Ro 10:17). ¿Conocemos la Palabra de Dios en la que decimos creer y que predicamos?

Y la misión es contextual, porque la desarrollamos en un contexto determinado, y usando las herramientas propias de ese contexto (lenguaje, formas, métodos). No olvidemos que estamos en el contexto de la sociedad española del siglo XXI. Las cosas no son iguales que, por ejemplo, predicar en el sureste asiático, o en América Latina. También hay que pensar que estamos cerca de finalizar la segunda década de este siglo, y las cosas no son como, por ejemplo, en los años 80 o 90. Dios sigue siendo el mismo… nosotros no.

La contextualización de nuestra misión se podría definir en 7 premisas:

  1. Es importante conocer la sociedad en la que estamos: Pablo fue consciente de ello, y tuvo que cambiar su “chip” judío de sinagoga de medio oriente, pues en Atenas se encontró con una situación completamente diferente a la acostumbrada (Hechos 17:16-34). Nosotros tenemos que aprender en qué clase de sociedad estamos y cómo son los que nos rodean.
  2. La gente tiene una necesidad espiritual última, y aunque los “estómagos espirituales” cada vez estén más cerrados y tengan menos hambre, hay una necesidad afectiva muy importante, especialmente cuando se trata de lo que concierne a la familia.
  3. La sociedad cree ser racional, y se aferra a lo que la ciencia demuestra, y con frecuencia muchos pretenden atacar a la fe, usando la ciencia. Pero la ciencia y la fe no tienen por qué oponerse, ni mucho menos. Además, no todo es racional, ya que existe un amplio campo en el que las subjetividades, las preferencias y los intereses personales juegan un papel más determinante que la razón, para muchas personas.
  4. La sociedad se opone más a la religión, aunque sigue habiendo mucho tradicionalismo en nuestro país. Es cierto que la religión tradicional ha fracasado a la hora de presentar a Cristo puesto que las tradiciones se han superpuesto a la figura de nuestro redentor. Lo bueno es que esas tradiciones han dejado un pequeño poso de conocimiento, que quizá se pueda aprovechar.
  5. La multiculturalidad y las múltiples creencias pueden parecer un problema, pero también es una oportunidad. Es necesario presentar a Cristo sin etiquetas denominacionales, y presentar su obra en la cruz, que es la que realmente marca una gran diferencia con el resto de creencias. Una vez escuché la frase “Todas las religiones destacan lo que los hombres tenemos que hacer para Dios, sin embargo, el cristianismo destaca lo que Cristo ha hecho por los hombres”.
  6. El ser humano tiene una conciencia trastornada del pecado. El bien y el mal tiene límites claros para la mayoría, pero bajo ciertas circunstancias y según ciertas preferencias, ese límite se difumina. Lo bueno es que el hambre y sed de justicia se mantiene, no hay más que ver la gente echándose a la calle ante una injusticia.
  7. El hombre sigue confiando en el hombre… y en parte con razón, debido a los progresos hechos especialmente en estas últimas décadas, pero después de muchos milenios sobre este planeta, seguimos siendo interesados, egoístas, pendencieros, corruptos, crueles, intolerantes, etc… en el global mundial. Estamos viviendo un tiempo de aparente paz… pero sabemos por la Palabra que esto no durará mucho (1 Tesalonicenses 5:3). Hay importantes amenazas contra el cristianismo y contra la paz social dentro y fuera de nuestro país. ¿La sociedad está preparada para cuando acabe la paz? ¿Nosotros lo estamos?

Sabiendo esto, estamos llamados a dar una respuesta a nuestra generación, porque la Palabra sigue siendo relevante para ellos, pero honestamente, la mayoría de las personas, quizá la única Biblia que leerán en su vida será nuestras propias vidas. ¿Qué ejemplo estamos dando? ¿Conocemos lo que predicamos porque nos hemos preocupado de estudiar la Palabra? ¿Presentaremos a Cristo de manera sencilla y honesta?

 

Artículo de Santiago Hernán

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